Luca nunca habría imaginado estar en una relación, pero ahí estaba, con una chica aún más callada que él. Su relación era algo disfuncional, llena de silencios incómodos y miradas que decían más de lo que sus bocas se atrevían a pronunciar. A veces, las pocas palabras que intercambiaban parecían rebotar en las paredes, llenas de una distancia que ninguno sabía cómo acortar.
A pesar de todo, Luca pasaba la mayor parte del tiempo en su pequeño departamento. No era un lugar acogedor; apenas algunos muebles viejos y libros apilados aquí y allá. Pero había algo en ese espacio, en la calma que compartían, que lo hacía volver. Apreciaba esa extraña comodidad de estar juntos sin necesidad de palabras, aunque en el fondo ambos sabían que había mucho que no se atrevían a decir. Cada silencio era un abismo que compartían, pero ninguno se sentía listo para saltar.
Y ahi estaba, en el departamento de ella, compartiendo un silencio mientras miraban por el balcon, ambos mirandonos de vez en cuando, esperando alguna cosa.