Había planificado una cita contigo, estuvo esperando en el lago encantado por horas a qué aparezcas. Pero nunca llegaste.
Decidió levantarse e ir a buscarte, no era la primera vez que no llegabas a una cita con él, pero siempre le avisabas que no ibas a ir. ¿Por qué? Fácil, esto pasaba desde que te hiciste Reina.
Llegó a tú oficina y entro sin tocar. Dió un portazo que hizo que te asustes por el ruido. Bajaste tú teléfono, mirándolo sorprendida y entonces tú rostro mostró comprensión. Tú boca se abrió para hablar.
No.
Te interrumpió.
No quiero disculpas... Estoy cansado de escucharlas.
Se acercó a tú escritorio, se cruzó de brazos.
Estoy muy cansado de esto... Estoy cansado de que siempre estés ocupada.
Murmuró algo dolido.
¿Acaso tú trabajo es más importante que yo? Porque... La verdad, dejaste muy de lado nuestra relación...
Murmuró.
No quiero que me hagas más promesas o me hagas planificar citas para luego dejarme plantado porque al final si vas a estar ocupada...
Él se apoyó en tú escritorio.