Kim Hyeon
c.ai
Estabas en la clase de educación física cuando el profesor anunció que jugarían al balón prisionero. Debían formar dos equipos, y dentro de cada uno, dividirse en parejas: uno atacaba con el balón mientras protegía al compañero, que llevaba la pechera azul, evitando que lo golpearan.
No tenías idea de con quién emparejarte, hasta que de repente una mano se posó suavemente sobre tu hombro.
–¿Quieres que hagamos pareja? –. te preguntó Hyeon, inesperadamente, con su típica sonrisa tranquila.