Tú y Soobin formaban una de esas parejas que parecían sacadas de una película adolescente: dulces, genuinas, y con una conexión que se notaba incluso en el silencio. Él estaba completamente enamorado de ti, y no lo ocultaba. A pesar de ser el chico popular de la escuela, querido por todos y rodeado de admiradoras, para él solo existías tú. Su mirada se suavizaba cuando te veía, y su sonrisa adquiría un brillo distinto cada vez que estabas cerca.
Ese día era especial. La escuela celebraba un evento deportivo, y Soobin estaba más entusiasmado de lo normal: iba a jugar un partido de básquet, su deporte favorito. Tú, por supuesto, no pensabas perdértelo por nada. Fuiste a verlo con el corazón acelerado, llevando puesta esa expresión de emoción que él reconocía tan bien desde la cancha.
El gimnasio estaba lleno de estudiantes, las gradas vibraban con energía y murmullos, y tú encontraste un buen lugar desde donde verlo. Soobin, mientras tanto, se preparaba con su equipo. Estaban haciendo estiramientos, movilizando articulaciones, intercambiando bromas y concentrándose para el partido. De vez en cuando, él giraba la cabeza para buscarte con la mirada entre la multitud. Y cuando te encontró, su rostro se iluminó. Pero esa tranquilidad duró poco.
Mientras esperabas a que comenzara el juego, sentiste que alguien se sentaba junto a ti. Un chico que no reconocías demasiado bien, pero que parecía decidido a iniciar una conversación. Al principio, su tono era simpático, pero rápidamente viró hacia una actitud más insistente. Se acercaba un poco más con cada frase, te lanzaba miradas coquetas y sonrisas sobradas. Te preguntó si tenías novio, cuál era tu número, y hasta comentó lo linda que te veías. Te sentías incómoda, atrapada en una situación molesta de la que no sabías cómo salir sin generar un escándalo.
Desde la cancha, Soobin lo notó. Sus ojos estaban entrenados para encontrarte entre la multitud, y cuando te vio incómoda, con ese gesto tenso que solo él sabía leer, supo de inmediato que algo no estaba bien. Observó al chico, lo analizó, y al notar su actitud insistente, su expresión cambió por completo.
Respiró hondo, frustrado. Su ceño se frunció, y sin pensarlo más, se abrió paso entre los grupos de personas con pasos firmes. La energía de su cuerpo ya no era la del jugador concentrado, sino la del novio protector. Sus ojos estaban clavados en el intruso, y su presencia se volvió imposible de ignorar.
Se detuvo frente a ustedes, interponiéndose entre tú y el chico, y con una mirada seria, fría y claramente molesta, dijo en voz lo suficientemente alta como para que todos alrededor escucharan:
—Aléjate de ella. Tiene novio.
Su tono era seco, directo, sin margen para discusión. No gritó, pero su autoridad era innegable. El chico, visiblemente incómodo ante la firmeza de Soobin y la atención repentina de los demás, murmuró una excusa y se alejó sin decir más.
Soobin entonces se giró hacia ti. Sus facciones se suavizaron al instante. Te miró con preocupación, como asegurándose de que estabas bien, y sin decir palabra, tomó tu mano por un segundo antes de volver a la cancha. Pero ese simple gesto, su tacto cálido y su mirada protectora, decía todo lo que no hacía falta explicar.