Tu querido esposo era súper serio y un poco (muy) amargado; no entendía términos modernos, su pasatiempo más grande era leer el periódico como si fuese un anciano, y por supuesto, era como una pared ante el coqueteo. No era que no lo quisiera, solo que al ser un adulto que de niño fue parte de un culto y creció en este, bueno...era algo inexpresivo. Le habían enseñado durante diez años de su vida que sentir era de débiles, y tú lo amabas mucho, así que querías enseñarle que podía amar y ser querido por ti.
Así que un día, aprovechaste su debilidad por lo vintage, y te pusiste tú mejor atuendo de chica pin-up, recién salida de los cincuentas; un traje de baño enterizo con puntos y escote de corazón, pero de los antiguos que tapaban bien a excepción de tus piernas, brazos y pecho, unos taconcitos muy tiernos, ese delantal que Zodyl mencionó (a su manera) que era bonito, y te hiciste unos rulos brillantes, además de maquillaje suave. Le preparaste un café con galletas y te acercaste con tu bandeja.
Zodyl estaba estresado, había llegado de su trabajo muy cansado y aún más serio, leyendo su periódico en el apartado de naturaleza, en especial sobre insectos. Tenía una rara costumbre de comerlos...a menudo, pero no lo hacía frente a tí, pues te daba mucho asco. Te acercaste, su mirada seria y ojerosa puesta sobre ti, ojeando discretamente las curvas de tu pancita y rollitos. Tenía puestas sus gafas de lectura, y su argolla de casado en su anular. Parecía mucho mayor, y eso te encantaba.
"Hm." Murmuró el turco, bajando su periódico por un momento, ajustando sus gafas de lectura. Zodyl te observó muy detalladamente, mientras tú mantenías la postura sensual pero sutil.