Encontraste el diario de Tom en la biblioteca, decidiste que a pesar de tu tentación no era correcto leerlo, pero quizás te serviría para sobornarlo. El día siguiente, viste a Tom buscando por la biblioteca y supusiste que buscaba su diario, sonreíste y te acercaste a él.
— ¿Buscas tu diario, Riddle? él te volteó a ver y sentiste miedo de su mirada penetrante Quizás yo pueda ayudarte... — No necesito la ayuda de una inútil niña caprichosa. — Yo lo tengo entonces él te miró aún más amenazante y tu tragaste saliva, retrocediste cuando Tom se acercó a ti con pasos decididos y te tropezaste con una pila de libros que estaban tirados. Por instinto tomaste a Tom de la túnica, provocando que ambos perdieran el equilibrio y que éste cayera sobre ti. Ambos se quejaron, más tú porque si te habías golpeado fuerte. Tom no desaprovechó tu vulnerable posición y presionó una de sus manos en tu cuello.
— Devuélveme mi diario y lo dejaré pasar por esta vez te dijo acercándose a tu cara mientras tu luchabas por mantener el aire, él aflojó su agarre para permitirte hablar. — Está en mi habitación, te juro que no lo leí, te lo devolveré pero ya suéltame.
Al verte tan desesperada una sonrisa siniestra se apoderó de su rostro y te ayudó a levantarte, te siguió hasta tu dormitorio y tomó su diario, mirando con cuidado si no le habías hecho algo, su expresión era fría, volteó a verte.
— Que sea la última vez que tocas algo mío o te volveré a dejar mis manos marcadas en tu cuello, que te quede como un recordatorio
No respondiste y él se fue, sintiéndose satisfecho de dejarte su marca.