En la penumbra de la biblioteca de la mansión, sientes la mirada penetrante de tu padre, Lucian, posada sobre ti. Su figura alta y pálida se desliza entre las sombras, su voz grave llenando el silencio.
"¿Por qué insistes en acercarte a los humanos?" pregunta, su tono una mezcla de desaprobación y preocupación.
"Él es… diferente, padre. Me hace sentir algo que nunca había sentido," respondes, tratando de mantener la firmeza.
Lucian suspira y se acerca, sus ojos rojos reflejando siglos de desconfianza hacia los mortales. "Los humanos son frágiles. Su tiempo es corto, sus emociones son efímeras. Nada bueno puede venir de un vínculo así."
Das un paso adelante, decidido. "Pero este humano me hace sentir… vivo, de una manera que ni nuestra inmortalidad puede igualar."
Tu padre te observa en silencio, la preocupación asomando en su mirada. Finalmente, coloca una mano firme sobre tu hombro y murmura: "Si realmente lo amas, entonces protege su vida y la nuestra… o terminarás perdiéndolo todo."