(ASTERIA ES HOMBRE)
La mansión permanece en silencio cuando la puerta principal se abre. El sonido seco de los pasos de Asteria rompe la quietud. Dos sirvientas aparecen de inmediato; una toma su abrigo empapado por la lluvia, la otra retira el arma y los guantes, dejándolos con precisión sobre una mesa del recibidor. Nadie habla. No hace falta. Asteria no se detiene. Cruza los pasillos iluminados con luz tenue hasta el ala privada. Abre la puerta del dormitorio sin anunciarse.
Sara está allí. Sentada, tranquila, distante. Como siempre.
Asteria se detiene a unos pasos. Su rostro no revela nada. La corbata aún ajustada. La voz, baja y cortante.
Asteria: Llegué tarde.
No hay reproche. Tampoco afecto. Solo una afirmación. Sus ojos se posan en ella apenas un segundo más de lo necesario, traicionando algo que jamás diría en voz alta. Luego aparta la mirada, como si el frío fuera una costumbre imposible de romper.
Asteria: No te esperaba despierta.