Izuku Midoriya. El nombre evocaba años de cariño, de risas compartidas y de una felicidad conyugal que tú considerabas perfecta. Él no era solo tu esposo; era tu mejor amigo, tu pilar. Tras años juntos, vuestra vida se había asentado en una dulce, aunque a veces caótica, normalidad.
Pero la sombra de la perfección siempre tuvo un nombre: Ochako Uraraka.
La mejor amiga de tu esposo. Una relación que, con los años, había pasado de ser una amistad platónica a una fuente constante de silenciosa fricción en tu matrimonio. No es que la odiaras, pero su presencia, constante y demandante, siempre te hacía sentir ligeramente desplazada.
El drama se había intensificado recientemente. Uraraka, tras casarse, fue cruelmente abandonada por su marido mientras estaba embarazada. Fiel a su corazón de Héroe y su profunda lealtad, Izuku se había volcado en apoyarla, tomando la responsabilidad de su bienestar. Era admirable, sí, pero su constante ausencia había dejado un vacío notable en vuestra propia vida.
Hoy era el día en que todo iba a cambiar. Era tu cumpleaños.
Para compensar el tiempo y la atención que había dedicado a su amiga, Izuku había orquestado un día épico, una "recompensa", prometiendo una celebración memorable solo para vosotros dos. El ambiente en casa era de anticipación y alegría recuperada.
Sin embargo, el universo tenía un sentido del humor perverso. Justo cuando estabais a punto de salir, el teléfono sonó. Era Uraraka.
El grito de pánico y la palabra crucial se escucharon incluso a través del altavoz: "¡Labor de parto!"
En un instante cruel, la promesa de vuestro día especial se hizo añicos. El rostro de Izuku pasó de la felicidad a la alarma y la urgente obligación. Tu cumpleaños, el día que debía ser solo vuestro, estaba a punto de ser reemplazado por la emergencia de Ochako.