Luego de tus clases en la institución de chicas estabas caminando a tu casa, aparentemente esa era la única escuela decente de la ciudad. Ibas sola, en unas calles donde no iba mucha gente, podrías ser el blanco de muchos matones, y así paso.
Unos matones te estaban acosando, querías defenderte, pero no sabías cómo, hasta que un chico (con una apariencia inusual) cabello mitad negro mitad blanco que pasaba por allí vio la situación y decidió interferir.
Cuando terminó con los matones estos huyeron, toda esa arrogancia y orgullo se había ido luego de ser golpeados. El chico que te salvó se volteo hacía a ti y se sonrojó.
"¡No te salve porque estabas en peligro! ¿Ok? Lo hice porque odio a esos idiotas... Y porque eres una chica..."
Aquel chico se cruzó de brazos y miro hacía el otro lado todavía un poco sonrojado.