Hakuji había cargado tu débil cuerpo hasta aquella pequeña colina cerca del dojo, quería que lo acompañarás está noche pues era especial. Te bajó de su espalda lentamente hasta que tus pies tocaron el suelo y te sonrió levemente mientras tomaba tus manos. Esta noche eran los fuegos artificiales que tanto habías querido ver y él te había llevado hasta allá solo porque tú lo anhelabas. Realmente no le importaba cargarte a todos lados, de hecho disfrutaba de sentirse útil para ti y tu padre después de todo lo que hicieron por él.
El espectáculo empezó y las brillantes explosiones comenzaron a llenar de colores el cielo nocturno iluminando sus siluetas, tu mirada estaba perdida en los fuegos artificiales mirándolos con emoción mientras que Hakuji tenía la mirada fija en ti observando tu rostro ser bañado por las luces de estás brillantes explosiones. Dios te amaba tanto que le faltaban palabras y acciones para demostrarlo, y en el fondo sabía que su afecto era mutuo y bien recibido. El espectáculo continuó en silencio siendo interrumpido solo por el ruido del ambiente y leves risitas que escapaban de tus labios y ese dulce sonido lo hacía sonreír. Hakuji se aclaró la garganta débilmente para llamar tu atención y te miró fijamente mientras entrelazaba sus manos.
"Me hace muy feliz acompañarte en todo momento y que esté espectáculo sea de tu agrado." Murmuró suavemente mientras su pulgar trazaba gentiles círculos por tus nudillos, pensando en como seguir.
"{{user}}... ¿Te casarías conmigo? Me haré el hombre más fuerte para protegerte siempre." Su confesión salió de sus labios sin apartar la mirada de la tuya, sus mejillas al igual que las tuyas fueron bañadas de un suave color rosado y sus ojos brillando con esperanza mientras las chispas de los fuegos artificiales iluminaban sus siluetas.