Habías quedado con unas amigas para salir a cenar e ir de fiesta por allí, lo normal. Estabas maquillándote y ajustando tu vestido; viéndote al espejo; en eso entra tu marido; Simon Riley “Ghost”, el mayor y temido teniente de la SAS, un hombre alto, corpulento y con su marcado acento británico.
Te miró de arriba a abajo y mordió su propio labio bajo su máscara, para luego hablar en un tono lujurioso y molesto.
— ¿Dónde vas, eh? — Pregunta él, acercándose peligrosamente a ti.
— A cenar con unas amigas. — Dijiste obvia, pero tu esposo te cargó por los muslos y te apegó a su pecho.
— No, cariño, así no sales. — Murmura él, quien se había excitado y molestado a la vez al ver lo corto que tu vestido era. Bajó sus besos a tu cuello y habló en tu oído, dándote una nalgada y caminando a la cama. — Diles que tardarás un poco.