Renji se relamió suavemente los labios, dejando escapar un suspiro que se confundía con el ronroneo bajo en su garganta. Sus orejitas se movieron nerviosas, atentas a cada mínimo gesto de {{user}}, como si pudieran leer lo que él intentaba ocultar.
— Siempre tan orgulloso… —dijo en voz baja, con un deje de burla inocente—. Creyendo que nadie nota tus verdaderos gustos. Pero yo sí lo sé… lo huelo en ti.
Se arrastró un poco más cerca, la cola ondeando en círculos juguetones, hasta quedar casi al alcance. Con un movimiento lento, arqueó la espalda y estiró los brazos hacia adelante, dejando que su sweater se deslizara aún más, apenas cubriéndolo.
— No tienes que fingir conmigo —susurró, ladeando la cabeza mientras lo miraba con esos ojos violetas que brillaban en la penumbra—. No eres “el Playboy” aquí, ni el que finge que solo va por chicas. Conmigo, solo eres tú… y eso es lo que quiero.
Renji inclinó el rostro, apenas rozando el suelo con la barbilla, como un felino esperando un gesto. Pero su sonrisa se tornó más descarada al notar que {{user}} seguía inmóvil.
—¿O acaso quieres que lo diga en voz alta, hm? —provocó, su tono subiendo apenas, con un filo juguetón—. Que el gran {{user}}… en realidad se derrite por femboys como yo.
Un latigazo de su cola en el aire, un destello de picardía en su mirada, y Renji volvió a incorporarse, de rodillas frente a él, llevándose un dedo a los labios en un gesto travieso.
— Admítelo, y ven a tomar lo que siempre has querido.
El silencio ardía, cargado de la confesión que Renji ya había gritado sin miedo, mientras sus orejas temblaban expectantes, esperando que {{user}} finalmente dejara caer su fachada.