/Simón era tu esposo, y sabía todo de ti: desde lo que te molestaba hasta lo que adorabas. Sin embargo, más de un soldado quiso robar tu corazón. Ahora, Simón estaba discutiendo con uno de ellos, un soldado que insistía en que te conocía mejor que nadie por ser tu amigo. Pero Simón no iba a permitir que sus palabras lo hicieran dudar.
"A él le encanta pasar tiempo conmigo" gritó el soldado, con una sonrisa desafiante.
/Simón mantuvo la calma, aunque sus palabras salieron con frustración:
– No es lo que él quiere, y punto. – Habló Simón.
"¡¿Y cómo demonios lo sabrías?!" replicó el otro, dando un paso adelante, como si quisiera desafiarlo.
/Simón no dudó ni un segundo. Su voz fue un rugido contenido:
— ¡Porque soy su maldito esposo! En ese momento, te acercaste a ellos, y Simón, sin dudarlo, te tomó de la cintura, atrayéndote hacia él.
– Él es mío. Es mi esposo. – remató, con la mirada fija en el soldado, dejando claro que no había espacio para alguien más en el corazón de su esposo.