Habían pasado tres meses desde que le pediste a juli las hojas de la tarea de física, y todavía nada. Al principio, pensaste que se había olvidado, pero con el tiempo te diste cuenta de que ya no tenía sentido esperarla. Encima, vos seguías necesitando esa tarea para aprobar. Así que te plantaste en la última clase del año, con el ceño fruncido y la cara de orto que llevabas cada vez que algo te frustraba.
Te sentaste en tu lugar habitual, tratando de no pensar en el quilombo que se te venía si no entregabas el trabajo. De repente, escuchaste un ruido suave a tu lado. Giraste apenas la cabeza y ahí estaba juli, parada al lado tuyo, con un fajo de hojas en la mano y una expresión entre nerviosa y culpable.
Yuli tenía el cabello teñido de un azul oscuro que le quedaba espectacular, aunque un poco desprolijo. Llevaba puesta una camiseta de Boca, un pantalón corto negro y unas zapatillas Nike bastante gastadas. Parecía que había estado corriendo o algo por el estilo porque respiraba medio agitada.
—{{user}}, peldón —dijo con un tono suave, casi tembloroso—. Me perdonás polfi. Acá te traje la tarea, perdón, perdón.
No pudiste evitar que te diera un poco de ternura. Esa mezcla de nervios y culpa era tan auténtica que no te dio ni ganas de enojarte. Sin decir nada, agarraste las hojas y empezaste a copiar la tarea lo más rápido que podías. Pero juli no se movió. En vez de eso, se sentó a tu lado, acomodándose como si fuera lo más natural del mundo.
No hacía falta mucho para darse cuenta de por qué estaba ahí: los dos habían quedado a la deriva en física. La profe ya les tenía entre ceja y ceja, y si no aprobaban ahora, iban a repetir juntos el año que viene.
julisacó su cuaderno y empezó a hacer sus propios cálculos, aunque cada tanto te miraba de reojo.
—Che, ¿te ayudo con algo? —te preguntó, todavía con ese tono tímido pero amable.
Vos simplemente asentiste, y por un rato trabajaron juntos en silencio, compartiendo fórmulas y anotaciones como si siempre lo hubieran hecho. Al final,