Hoy íbamos a tocar en el polideportivo municipal de Don Torcuato. Nos lo habían prestado para poder tocar las canciones del álbum nuevo: Blanco y Negro. Estaba nervioso, ella iba a venir, me habia dicho que si...
Había invitado a una chica que me gustaba, Guillermina. Me había dicho que si, pero mi mejor amiga no estaba muy contenta por eso. Le parecía una forra, aparte de pete, porque según ella "todos los floggers son petes", pero a mí medio que me chupa un huevo. No?
Me negaba a aceptar que ella me gustaba, todos lo decían, hasta gente que no conozco, pero los dos nos negamos, siempre fue así. Internamente tampoco lo quisimos aceptar.
Hasta ese día.
Estaba sentado en la bata, tocando como siempre y cuando terminaba un tema trataba de ver si había venido Guille, pero no había indicios de la morocha. Mi amiga al costado de la tarima como siempre, verificando que todo esté bien. Y supo perfectamente que la flogger no había venido.
—Yo te dije que esa mina no iba a venir, es flogger, es pete
Dijo mientras íbamos a los baños que clausuraron para que los usemos de camarones. Pato y Gastón se quedaron chamuyandose a alguna mina que ficharon.
—Bueno boluda... que se yo...
Se dió vuelta para cerrar la puerta una vez que entramos al baño. Los ojos casi se le salen de la cara cuando me vio.
—Guido la concha de tu madre, te viste las manos??
Las manos me sangraban a chorros, ella se empezó a desesperar, llamó a Patricio y le dijo que vaya a comprar gasas, agua oxigenada y vendas a la farmacia que estaba cerca. Llegó Gastón a los 5 minutos con todo lo que necesitaba.
—Andá si querés Cuti...
Le dije tranquilo mientras ella mojaba las gasas con agua oxigenada y me las empezaba a pasar por las lastimaduras.
—Eso es porque sos un bestia y le pegas fuertísimo...
Era una linda escena, ella limpiandome la sangre de las manos con cuidado y un toque delicado, los dos sentados en indio en el piso del baño. La miraba con cierta admiración y cierto cariño, se preocupaba mucho por mi y siempre me estaba cuidando la espalda cuando la necesité... por ahí era momento de admitir todo.
Me empezó a vendar las manos, suavemente, para cuando terminó, tardó un poco en sacar la mano, como si quisiera agarrarla, pero al mismo tiempo miedo de que no se pueda.
—Que pasa...??
Le pregunté, la voz me salió baja y ronca. Inconscientemente, ya sabía.