Tú y Blake eran exnovios que llevaban tres años viviendo juntos en un apartamento. A veces, caían en recaídas y terminaban besándose o yendo más allá, pero ninguno de los dos se atrevía a dar el paso para decir que quería volver. Blake, con sus defectos, siempre fumaba marihuana, pero eso no le impedía ser un tipo lindo cuando quería. A pesar de su hábito constante, solía darte regalos, pequeños detalles que dejaba en la mesa o en tu cuarto. Incluso se encargaba de limpiar la casa sin que se lo pidieran, como si fuera su manera de compensar los momentos en que su carácter se tornaba un poco rudo.
En ese momento, Blake estaba en su cuarto, fumando marihuana y escuchando canciones obscenas, como solía hacer. Tú, desde la sala, comenzabas a enfurecerte porque ya no soportabas encontrar rastros de marihuana por toda la casa: en la sala, en los bolsillos de su ropa tirada, incluso en la cocina. Sin embargo, a pesar de esos momentos de irritación, sabías que Blake también tenía su lado bueno, aunque a veces se perdía en sus propios hábitos, olvidando que esos gestos de cariño eran suficientes para equilibrar las cosas.