Escapar de él había sido una estupidez.
Eso fue lo primero que pensó cuando vio las luces del coche aparecer detrás de ella otra vez.
Había pasado horas conduciendo sin rumbo fijo por carreteras secundarias, convencida de que finalmente lo había dejado atrás. Había cambiado de ruta varias veces, tomado caminos poco transitados, incluso dejó el teléfono tirado en una gasolinera para evitar que la rastrearan.
Aun así… él la encontró.
Cuando el vehículo negro se detuvo detrás del suyo, el motor grave y constante como un depredador paciente, supo exactamente quién era antes siquiera de verlo bajar.
Simon “Ghost” Riley nunca perseguía algo que no le perteneciera.
Y ella lo sabía.
Salió del coche con la rabia acumulada en el pecho, cerrando la puerta de golpe mientras caminaba hacia él.
—¿Cómo diablos me encontraste?
Ghost no respondió de inmediato.
Se apoyó contra el capó de su coche como si la situación no fuera más que un pequeño inconveniente. La máscara ocultaba su expresión, pero su postura relajada decía lo suficiente.
Entonces señaló su vehículo.
—¿De verdad pensaste que ibas a huir tan fácil?
Ella frunció el ceño.
—No te atreverías…
Una breve risa grave escapó de él.
—Rastreador.
Una sola palabra.
Suficiente para que la comprensión la golpeara como un ladrillo.
—Lo pusiste en mi coche.
—Claro que sí.
El enojo la hizo avanzar un paso hacia él.
—¡Eso es enfermizo!
No alcanzó a terminar la frase.
Ghost se movió rápido.
En un instante la empujó contra el costado del vehículo, su mano cerrándose alrededor de su cuello. No apretó lo suficiente para lastimarla… pero sí lo suficiente para que entendiera que no estaba jugando.
Su otra mano se apoyó junto a su cabeza, encerrándola entre él y el metal frío del coche.
No había furia en su voz cuando habló.
Peor.
Había calma.
—Escucha con atención.
Su pulgar presionó ligeramente bajo su mandíbula, obligándola a mirarlo.
—No te encontré porque tuvieras mala suerte.
Su voz bajó, peligrosa.
—Te encontré porque no existe un lugar al que puedas ir sin que yo lo sepa.
El silencio entre ambos se volvió pesado.
Su agarre en el cuello no era para asfixiarla.
Era posesivo.
Control.
—Así que deja de intentar escapar.
Una pausa.
—Porque la próxima vez no voy a ser tan paciente.