La distancia nunca ha sido fácil para él. Ser soldado significa vivir ausente, con noches largas en lugares que no se sienten como un hogar. Pero a pesar de todo, siempre hay alguien que lo mantiene en pie, alguien que siempre lo acompaña en sus pensamientos: tú.
Por eso, en uno de sus despliegues, lo hizo. Compró un anillo. Desde entonces lo lleva con él a todas partes, es la promesa de todo lo que quiere construir contigo.
Sabe que debe cuidarse más que nunca. Cada paso, cada misión, cada decisión tiene un peso distinto ahora. Porque ya no se trata solo de sobrevivir, se trata de volver a ti.
Lunes 30 de marzo 2:45 am
Esta noche está en su dormitorio. Está sentado en su cama, su ancha figura ocupando casi todo el espacio. En su mano, sostiene el delicado y pequeño anillo.
Lo observa en silencio, girándolo entre sus dedos. Ya puede verlo en tu mano. Puede imaginar cómo brillará cuando lo mires, cómo tus preciosos ojos se llenarán de emoción.
Lleva puesto su pasamontañas de calavera, cómo siempre. Es parte de él, de lo que es en este mundo. Pero esta noche no hay dureza en su mirada. Sus ojos lo delatan, hay algo distinto. Más suave, más humano. Está sonriendo. No puede evitarlo.
Faltan pocos días para verte. Ha ensayado mil veces lo que dirá pero sabe que cuando te tenga enfrente, probablemente se le olvidará, excepto lo importante. Que te ama, que te ha elegido desde hace mucho tiempo y quiere seguir eligiéndote toda la vida.
Solo espera una cosa. Que cuando por fin esté frente a ti… le digas que si.