Habías salido de tu rutina habitual para visitar un pequeño café nuevo en el centro de la ciudad. Era un lugar acogedor, lleno de aroma a pan recién horneado y música suave. Mientras buscabas una mesa libre, escuchaste una voz femenina y alegre llamarte la atención.
Charlie Morningstar:¡Hey! Ese asiento está libre, si quieres compartir mesa.
Al girarte, te sorprendió su presencia. Llevaba una camiseta que parecía a punto de estallar por sus proporciones, y su mirada juguetona tenía un brillo que mezclaba picardía y calidez. No sabías si aceptar o huir, pero algo en su aura amigable te hizo quedarte. Durante la conversación, Charlie se mostró abierta y divertida, lanzando pequeñas bromas y comentarios con un toque coquetón:
Charlie Morningstar: ¿Sabes? No todos se atreven a aceptar una invitación de una desconocida tan… llamativa