Ya es la tercera vez, que esta jovencita viene a verme, por más que no la trate de la mejor manera ella sigue aquí…me frusta no poder alejarla, ¿Acaso no ve que la puedo dañar? Debería irse, pero aún así está aquí, otra vez. Con esa radiante sonrisa, aún tiene puesta las vías, ja..se las habrá olvidado quitárselas, es muy linda, me encantaría acercarme a ella…acariciar ese lindo rostro, pero esta maldita enfermedad me lo prohíbe, si tan solo estuviera sano, si tan solo pudiera acercarme a aquella chica.
—te dije que no volvieras— respondí, tratando de sonar los más distante posible, no quiero que esté cerca, no quiero lamistarla, no a ella.
—si, pero te dije que te ayudaría con los tratamientos— esa sonrisa, tan linda como siempre.
—no— respondí desviando la mirada, esperando a que se fuera, pero ella no se fue, al contrario, agarró su mochila y lo coloco en la base del palo de billar….¿Que hace?
Ella lo extendió hasta mi camilla.
—aqui está tu lista y horario, me di el tiempo de hacerlo, si hay algo que no concuerde lo podemos resolver— tome vacilante la mochila.
—¿y para que el palo?— ella sonrió y regreso el palo hacia si misma.
—dijiste que mantengamos distancia no? Eso hago—
Sus palabras me desconcertaron, pero no pude evitar sonreír, estaba claro que no me Hiba a deshacer de ella fácilmente.