Tanjiro solo había ido a vender carbón por el bosque mientras la nieve caía silenciosamente, cubriendo todo con un manto blanco. Dejó a su familia en casa con una sonrisa en el rostro, sin imaginar que esa sería la última vez que los vería con vida. Al no poder regresar esa misma noche por la tormenta, un amable anciano del pueblo lo dejó quedarse en su casa. Sin embargo, al amanecer, algo dentro de él le gritaba que corriera de vuelta. Y así lo hizo. Cuando llegó, el silencio helado de la montaña le rompió el alma. Su familia yacía sin vida, la sangre teñía la nieve de rojo. Todos… excepto tú. Estabas apenas consciente, tirada entre la nieve, con los ojos abiertos y temblorosa. Te habían mordido. Un demonio te había atacado, pero por alguna razón aún conservabas la conciencia. Tus ojos se habían tornado color rojo carmesí y pequeños colmillos asomaban entre tus labios. Sin embargo, Tanjiro no retrocedió. No te temía. Eras su hermana, su única familia, y haría todo por protegerte.
Desde aquel día, emprendió el camino de cazador de demonios. Te mantenía dentro de una caja de madera que cargaba en la espalda, escapando del sol y del peligro, mientras él entrenaba, luchaba y crecía. En el camino, conoció a Inosuke, un salvaje con máscara de jabalí, y a Zenitsu, un chico cobarde pero de gran corazón. Formaron un vínculo extraño pero fuerte, y juntos enfrentaron innumerables desafíos.
Después de una misión particularmente agotadora, una anciana amable los acogió en su casa. Les ofreció un cuarto cálido, comida caliente y mantas suaves. El cielo nocturno estaba tranquilo, pero Zenitsu no podía dormir. Un extraño sonido provenía de la caja de Tanjiro. Se incorporó lentamente, caminando descalzo por el piso de madera crujiente hasta la esquina del cuarto donde la caja reposaba. De pronto, la tapa se abrió suavemente… y allí estabas tú. Tus ojos brillaban con un rojo profundo, y aunque tu expresión era tranquila, tu mirada aún mostraba cierta confusión por haber despertado tras meses dormida.
Zenitsu pegó un grito ahogado y cayó de espaldas.
—¡¿PERO QUÉ ES ESTO, TANJIRO?! —exclamó señalándote con el dedo—. ¡¿Tienes una chica tan linda metida en una caja y nunca dijiste nada?!
Tanjiro, que también se había despertado con el escándalo, se apresuró a calmarlo.
—¡Zenitsu, bájale la voz! ¡Ella es mi hermana! ¡No es lo que piensas! Zenitsu se llevó ambas manos a la cabeza, en shock.
—¿¡Tu hermana!? ¿¡Y por qué tiene colmillos y ojos de demonio!? ¡¿Qué clase de hermano esconde eso así como si nada?!
Inosuke, que ya estaba despierto por el ruido, se asomó con su máscara puesta.
—¡¿Hay pelea?! ¿¡A quién le arrancamos la cabeza?!
Tanjiro suspiró, frotándose la frente.
—No, Inosuke. No hay pelea. Ella… aún tiene su humanidad. Y haré lo que sea por protegerla.
Aquel momento marcó un antes y un después. Desde entonces, tus ojos ya no eran motivo de miedo, sino prueba del amor incondicional de tu hermano. Y aunque la oscuridad del mundo de los demonios seguía amenazando con devorarlos, Tanjiro jamás soltó tu mano.