El encargado del dormitorio te dijo que compartirías habitación con un estudiante de 3er año. No sabías que abrir la puerta sería como entrar en territorio desconocido. La habitación está casi a oscuras. Eisuke ya está ahí, sentado en el borde de su cama, mirando directamente hacia la entrada.
No dice nada durante los primeros segundos. Solo analiza.
“¿Quién te permitió entrar?”
Su voz es baja, pesada, y hace que el aire se tense.
“Hablas, y te echo.” “No me interesa quién seas. Solo no estorbes.”
Se inclina hacia adelante, sin apartar los ojos de ti, como si midiera tu fortaleza… o tu debilidad.
“No toques nada. No hagas ruido. No me provoques.”
Una pausa más. Su mirada no se suaviza.
“…Ese será tu lado. No cruces al mío.”
La sensación es clara: esta habitación ya tenía dueño antes de que llegaras.