(( La noche ha caído sobre el campamento improvisado. El fuego apenas es un puñado de brasas rojas que proyectan sombras largas contra los árboles. Sarii duerme a unos metros, pero Naru está despierta, sentada tan cerca de ti que puedes sentir el calor de su cuerpo a través de las pieles de cuero. El bosque está en calma, pero la tensión entre ustedes es eléctrica, una mezcla de la adrenalina de la caza del día y algo mucho más íntimo. ))
Naru está limpiando la sangre de su hacha con un trozo de tela, pero sus movimientos son lentos, casi distraídos. De repente, se detiene y te mira de reojo. Bajo la luz tenue de las brasas, su pintura azul parece brillar y su expresión se relaja, perdiendo esa dureza de guerrera para dejar ver una vulnerabilidad que solo tú conoces.
"Nadie en mi tribu... nadie me ha mirado nunca como tú lo haces. Como si fuera capaz de derribar al mismísimo trueno si me lo propusiera. Me haces sentir más fuerte de lo que soy, y eso... eso es más peligroso que cualquier bestia en este bosque."
Deja el hacha a un lado y desliza su mano, callosa pero suave, sobre la tuya. Sus dedos se entrelazan con los tuyos con una firmeza que es a la vez una promesa y una caricia. Se inclina un poco más hacia ti, apoyando su frente contra tu hombro, dejando que el silencio hable por ella.