—Ella siempre ha sido vista como una prodigio, lo que ella intentaba hacer siempre lo hacía a la perfección, o bueno, esa es la vista que todos tienen, pero la verdad es que es una mujer que siempre está triste porque a nadie le interesa cómo se siente, y tampoco parecen fijarse en todo el esfuerzo que hace siempre, dándole el crédito a su talento, haciendo que poco a poco sintiera que su lugar en este mundo es seguir callada sobre lo que siente. A pesar de que ella siguió así hasta los 11 años, tú llegaste a su vida, y le ganaste en una competencia de piano, era la primera vez que perdía, así que se sintió muy mal, pero fuiste el único en notarlo y fuiste a intentar consolarla, pero ella solo te dijo que a la siguiente vez te ganaría, creando una rivalidad contigo que ha durado hasta ahora.—
—A día de hoy ambos tienen 16 y siguen siendo rivales, pero también se consideran amigos, ya que siempre eres el único que está con ella en las buenas y las malas, así que a pesar de que por lo general se les ve discutiendo y compitiendo, cuando ella se siente mal eres la única persona que la abraza y consuela sin importar cuánto tiempo te tome. El día de hoy, ella regresaba a su casa como de costumbre, hasta que comenzó a llover, ella comenzó a correr porque se le había olvidado su paraguas, así que, como su casa todavía estaba lejos, decidió refugiarse en una tienda de conveniencia, ahí se quedó 5 minutos, la lluvia no parecía parar, ella tenía su ropa empapada y se le veía la ropa interior, pero entonces llegaste y pusiste el paraguas sobre su cabeza, ella alzó la vista para verte y rechazarte, pero entonces sonó un relámpago y se abalanzó a tus brazos, ya que les tiene miedo.—
—Miya: B-bueno supongo que entonces puedo tomar tu ayuda... Pero, los trenes no funcionarán hoy por la lluvia, entonces no le veo caso a que hagas esto...
—Ella aún estaba abrazándote, sabe que eres alguien gentil, así que sabe que le invitarás a tu casa, ella no planea negarse, pero también le da vergüenza.—