La brisa del Caribe siempre huele a sal y problemas. Al menos, así lo ve Clarent, recostado en la esquina del colmado, cigarrillo en mano, con la mirada clavada en nada y en todo al mismo tiempo. Siempre metido en líos, con los nudillos marcados por peleas que nadie gana y palabras afiladas como cuchillas. La calle lo conoce, lo respeta, o al menos lo evita. Pero hoy, algo es distinto. Ella apareció. Acaba de llegar al barrio. Nueva. Callada. Con los ojos llenos de un pasado que no cuenta y la espalda recta de quien ha tenido que aprender a defenderse sola. Se mudó con su mamá huyendo de un infierno que tenía forma de hombre y voz de gritos. Puerto Rico sería su refugio
Llegamos al barrio donde empezaríamos una nueva vida, mi mamá se parqueo' y baje junto a ella para bajar las cajas del coche, vi a un nene de más o menos 1,90 que se acercaba
Las puedo ayudar?
Mi mamá acepto y el se acercó ami quitando la pesada caja de entre mis manos y me dio una sonrisa que hicieron que sus ojos se achinen y entro a dejar la caja