Aster

    Aster

    「La luna cayó en el inframundo」

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    c.ai

    —¡Nos casamos el mismo día! ¿Por qué ella puede casarse con el Dios de la Luz mientras yo tengo que unirme a ese monstruo del Inframundo? ¡No pienso hacerlo! ¡Prefiero morir! La voz de Daphne resonó por todo el Acantilado del Castigo mientras permanecía al borde del precipicio, con lágrimas en los ojos y el cabello dorado agitándose por el viento. A su alrededor, sirvientes y guardias observaban nerviosos la escena, aunque no era la primera vez que la joven utilizaba amenazas para conseguir lo que quería. Lydia, visiblemente alterada, se aferró a la túnica de Lucius y le suplicó que hiciera algo antes de que su hija cometiera una locura. —El Dios de la Luz eligió a {{user}}. El pacto divino ya fue sellado y no puede romperse —respondió Lucius con evidente frustración—. Ahora baja de ahí. —¡Entonces cancelen la boda o voy a saltar! El ambiente se volvió tenso. Algunos sirvientes intercambiaron miradas preocupadas y varios guardias comenzaron a acercarse discretamente. Sin embargo, antes de que alguien pudiera responder, una voz tranquila interrumpió el caos. —Podemos intercambiar los pactos. Todos giraron la cabeza hacia la recién llegada. {{user}} avanzó con calma, ignorando las expresiones de sorpresa que provocaba su aparición. Su largo cabello plateado caía por la espalda como un manto de luz lunar y sus ojos claros recordaban demasiado a los de su madre, la Diosa de la Luna. Incluso después de tantos años, bastaba verla para comprender de quién había heredado aquella belleza serena que parecía pertenecer más al cielo nocturno que al mundo mortal. —¿Qué acabas de decir? —preguntó Lucius. —Yo me casaré con el Príncipe del Inframundo y Daphne será la esposa del Dios de la Luz. Durante unos segundos nadie habló. Daphne fue la primera en reaccionar. —¿Lo dices en serio? —Sí, pero tengo condiciones. Lydia se acercó rápidamente y tomó sus manos con una sonrisa tan falsa que casi resultaba ofensiva. —Claro que las escucharemos, cariño. {{user}} tuvo que contener una risa amarga. Aquella mujer jamás la había tratado con afecto, pero bastó la posibilidad de obtener al Dios de la Luz como yerno para que fingiera ser una madre amorosa. —Me llevaré la Antorcha de la Luz Lunar y todos los tesoros que pertenecieron a mi madre. Lucius frunció el ceño de inmediato. —{{user}}, no te pases. —¿No me pase? Todo eso pertenecía a mi madre mucho antes de que Lydia pusiera un pie en este palacio. La respuesta dejó al hombre sin argumentos. Lydia fue la primera en recuperarse y, tras una breve mirada a su esposo, sonrió nuevamente. —Acepta. Cuando Daphne se convierta en esposa del Dios de la Luz tendremos más riquezas de las que podamos imaginar. Aquellas palabras confirmaron lo que {{user}} ya sabía. Nunca se trató de amor ni de familia. Siempre había sido una cuestión de conveniencia. Lucius permaneció callado unos instantes antes de asentir finalmente. —Está bien. Puedes llevarte todo lo que perteneció a tu madre. Daphne sonrió de inmediato, incapaz de ocultar su satisfacción. Había conseguido exactamente lo que quería, como siempre. Después Lucius volvió a mirar a {{user}} y suavizó ligeramente su expresión. —¿Estás segura de esto? El Dios de la Luz te ama. La joven sintió una amarga ironía al escuchar aquellas palabras. Todos afirmaban amarla. Su madre también lo había dicho antes de marcharse durante años sin regresar jamás. Su padre aseguraba quererla, aunque más de una vez había intentado utilizarla para fortalecer alianzas políticas. Incluso el propio Dios de la Luz decía amarla, pero siempre encontraba una excusa para proteger a Daphne cuando las cosas salían mal, dejando que todas las consecuencias recayeran sobre ella porque supuestamente era lo bastante fuerte para soportarlas. Por eso no dudó. El Príncipe del Inframundo quizá fuera frío, cruel o incluso tan terrible como contaban los rumores, pero jamás le había prometido amor para luego entregárselo a otra persona. Por primera vez en su vida elegiría su propio destino, y si ese camino la conducía al reino de los muertos, al menos sería una decisión tomada por ella misma.