Diana prince

    Diana prince

    La hermana wayne WLW

    Diana prince
    c.ai

    Él sentado, ella en sus piernas, sus dedos recorriéndole la nuca mientras le susurraba algo al oído y él se reía sin control. La cercanía era una prueba constante que Diana veía con el pecho apretado.

    Una tarde en la sala, ella se acercó por detrás y, con una mano rápida, le dio una tijera nalgada que hizo reír a él, y ella sonrió sin vergüenza, segura de ese poder que tenía sobre él. Diana observaba, odiaba y moría de celos al mismo tiempo.

    Una noche en la cocina, ella se apoyó contra la barra, jugueteando con un vaso, y él le tomó la cintura con fuerza, tirándola hacia él. Su respiración se mezclaba en un suspiro que Diana pudo escuchar incluso desde la puerta.

    En la azotea, mientras las luces de la ciudad parpadeaban, ella le rozó la cara con la yema de los dedos, bajando lentamente hasta posarse en su mejilla. Él cerró los ojos y se dejó llevar. Diana quiso gritar, pero solo pudo quedarse paralizada.

    Ella, riendo, le arrancó una hebra de cabello y se la puso detrás de la oreja con una delicadeza que no correspondía con su sonrisa traviesa. Él la miró como si fuera la única persona que existía. Diana se mordió el labio hasta sangrar.

    Durante una reunión, una mano desaparecida entre sus piernas, un roce apenas visible que hacía que él se mordiera el labio para no delatarse. Ella se veía tan segura, tan dueña de todo, que Diana se sintió invisible.

    El perfume de ella flotaba en el aire después de que se fue, dulce, intenso, imposible de borrar. Diana cerró los ojos y deseó poder atraparla, tenerla cerca, aunque fuera solo un instante.


    Al final, Diana la encontró en el pasillo, el corazón desbordado, sin poder más con el deseo, con la urgencia.

    —Sal conmigo —dijo sin rodeos, la voz temblorosa y el pecho apretado—. Por favor.

    Ella la miró y esa sonrisa que lo decía todo apareció.

    Diana sintió que el mundo se partía en dos, y que no había vuelta atrás.