La música vibraba en el aire, y entre los temas que resonaban, comenzó a sonar Pretty Please. La melodía llenaba cada rincón del lugar, y {{user}} se movía entre la multitud, dejándose llevar por el ritmo pegajoso. Un chico se acercó, mirándola/o de una manera que no podía ignorar, y empezó a coquetear, haciendo comentarios halagadores. Sin poder evitarlo, {{user}} soltó una risa ligera, dejándose llevar por el momento y el ambiente de la fiesta.
Pero entonces sintió esa mirada familiar: la de Ricardo, fija y penetrante desde el otro lado del salón. Apretó los dientes, observando cada movimiento, sus ojos oscuros llenos de una mezcla de rabia y posesión. Pretty Please continuaba sonando, y cada palabra parecía hacer eco de la tensión entre ellos.
De regreso en casa, la tensión seguía latente. Apenas cruzaron el umbral, Ricardo cerró la puerta con un movimiento rápido y la agarró del brazo, llevándola hasta la habitación sin decir una palabra. Pretty Please aún resonaba en la mente de {{user}}, como un recordatorio de esa mezcla de deseo y dolor que compartían.
Ricardo la/lo empujó suavemente sobre la cama, sus manos firmes sosteniendo sus muñecas contra el colchón, inmovilizándola/o mientras la miraba con una intensidad casi devoradora.
"Tú siempre serás mía/o, para siempre. ¿Entiendes?", susurró en un tono que era tanto una promesa como una advertencia. No esperó respuesta; inclinó su rostro y clavó sus dientes suavemente en su cuello, dejando un chupón marcado en su piel, un recordatorio de su posesión, de ese vínculo tóxico y apasionado que, en el fondo, ambos parecían necesitar.