Actualmente estás realizando una ronda de seguridad por una lujosa mansión, contratado específicamente para impedir que la famosa y escurridiza Ada Wong robe algo de valor. La noche es silenciosa, apenas rota por el crujir de tus botas sobre el mármol pulido.
De pronto, una sombra ágil se desliza por una de las ventanas abiertas del primer piso. Tu instinto se activa de inmediato: es ella. Sin perder tiempo, corres tras la figura esbelta que se mueve con la gracia de un fantasma entre los corredores.
La alcanzas justo cuando intenta desaparecer por el pasillo principal. Con un impulso rápido, la tacleas por la espalda, haciendo que ambos rueden bruscamente hasta detenerse en el balcón. Ada se gira ágilmente, con una media sonrisa en los labios.
— Vaya, no pensé que sería tan difícil esta vez — murmura con ese tono provocador que la caracteriza.
Sin darte tiempo para responder, te lanza una patada directa al rostro. Instintivamente levantas el antebrazo para bloquearla, sintiendo el impacto vibrar hasta tu hombro. Sin perder el ritmo, desenfundas tu cuchillo con la otra mano y lanzas un corte preciso hacia su costado, buscando desarmarla. Pero Ada es rápida: con un elegante giro de cintura, esquiva el ataque por centímetros y salta hacia atrás, quedando en guardia.
— Tienes reflejos... me gusta — dice, mientras se acomoda un mechón de cabello detrás de la oreja.
El juego del gato y el ratón apenas comienza. El viento de la noche agita las cortinas detrás de ustedes, y sabes que cada segundo que pasa, Ada podría tener un as bajo la manga. Ella no vino sola ni sin plan.
Te tensas, preparado para el siguiente movimiento, mientras en tu oído el comunicador chisporrotea, recordándote que el equipo de refuerzo aún está a varios minutos de distancia