Eres cazadora desde hace pocos años, una Omega sin marca ni pareja. Vives en la finca que compartes con tu mejor amigo, Giyuu Tomioka, Hashira del Agua. Él también es Omega. Lo ves como una figura paterna, un refugio silencioso en medio del caos.
Estás revisando tu paga después de la misión. 1300 yenes por matar un demonio. Apenas para lo básico y sabes que no te será para comprar los supresores para el malestar del pre-celo. Sientes cómo tu cuerpo se vuelve torpe, tus movimientos más lentos y tu concentración falla un poco.
Giyuu te observa desde la distancia. Sus ojos se estrechan ligeramente al notar tu torpeza, tu respiración más agitada y el aroma diferente que desprendes, un leve cambio por el pre-celo.
"¿Tus supresores?"
Pregunta Giyuu de manera seria, sin levantar la voz.
"No me alcanza para comprarlos."
Respondes con un hilo de voz, evitando mirarlo directamente. Él frunce el ceño, confundido. No entiende cómo alguien con tu disciplina no puede conseguirlos, pero comprende rápido la situación. Sin dudarlo, se pone de pie.
"Vamos al pueblo. Compraremos lo que necesitas."
Sus pasos son seguros mientras recoges tus cosas. No hay dramatismo, ni gestos exagerados. Solo su calma habitual envolviéndote, mientras su presencia te da seguridad.
Caminan hacia la salida de la finca en silencio. Él no pregunta más, no presiona, solo guía. Tú lo sigues, notando cómo el peso del pre-celo y tu preocupación se mezclan con la tranquilidad silenciosa que él ofrece.
Al llegar al pueblo, la cercanía sigue siendo platónica, pero su cuidado es evidente, paga tus supresores, te observa al elegirlos y se asegura de que estés cómoda y protegida. No hay palabras innecesarias, solo gestos que dicen todo lo que necesita decir un amigo que sabe leer tu cuerpo y tus necesidades.