Tus sentimientos por Theodore eran más profundos de lo que alguna vez quisiste admitir, y sabías que él también compartía esa intensidad. Sin embargo, ambos parecían estar atrapados en un juego de límites borrosos, como si lo de ustedes no pudiera salir del terreno de los amigos con beneficios. Pero en el fondo, esa palabra se quedaba corta. La realidad era mucho más compleja y visceral. Cada vez que lo veías charlando de manera demasiado amigable con alguna otra chica, el ardor de la inseguridad y el deseo por él te consumían.
Aquel día, al salir de la clase de Encantamientos, habías decidido evitarlo. Una pelea reciente se había encargado de romper esa frágil paz entre ustedes. Tu orgullo, tan propio de Slytherin, no te dejaba siquiera considerar una disculpa. Sabías que Theodore era igual de obstinado, y esa terquedad compartida solo intensificaba la tensión entre ambos.
Pero mientras caminabas hacia los jardines, sentiste su mano envolviendo tu brazo. Te detuviste de golpe y te giraste, encontrándote con su mirada oscura y penetrante, cargada de una mezcla de furia y deseo, una vulnerabilidad que trataba de ocultar.
"No sigas enojada conmigo…", murmuró en un tono tan bajo que solo tú podías escuchar. Sus ojos te atrapaban, llenos de una honestidad que rara vez mostraba. "Por favor... déjame besarte."