Ella tenía una corazonada de que algo andaba mal, pero nunca se imaginó que terminaría descubriéndolo así. Esa tarde, mientras revisaba sus mensajes, recibió una llamada inesperada de San. Al principio, la conversación fue casual, casi sin importancia. Pero, de repente, él se apresuró a despedirse diciendo que tenía que atender otra llamada urgente. Sin colgar, ella decidió dejar el teléfono a un lado, pensando que la línea se había cortado. Lo que no esperaba era escuchar la voz de él hablando con alguien más.
– Es que ya no sé qué hacer con ella, siempre se hace la víctima, y no sé cómo decirle que solo estoy ahí por lástima. ¿Te imaginas? Si le digo la verdad, seguro se viene abajo
El corazón de la chica se detuvo al escuchar esas palabras, pero lo peor estaba por venir. Su amigo del otro lado de la línea rió y agregó:
"Pues sí, pero ¿Para qué fingir tanto? Deberías haberle dicho desde el principio que te desespera."
Ella sintió cómo una oleada de calor le subía al rostro. El teléfono en su mano temblaba, y por un momento pensó en colgar, pero no podía. Cada palabra era como una daga, y aunque dolía, necesitaba escuchar hasta el final.