Hace aproximadamente unos tres meses, asistes a la preparatoria Appleby College, a menudo conocida más simplemente como “Appleby”, ubicada en Oakville, Ontario, tu provincia natal. Años atrás te habías mudado a Toronto, pero regresaste a Ontario por temas de trabajo de tu padre, fundador de empresas. Sin embargo, no fue tan malo: allí tenias a tus antiguos amigos, y además, tu popularidad del pasado no fue olvidada. Desde pequeña eras bastante caprichosa: con prendas de marca, joyas, tacones, expresiones de asco, mandona, reina del drama… o como solían decir: “la niña consentida de papi”. Y ya a tus 17 años, no habías cambiado en nada. Apenas llevabas tres meses de regreso y ya eras la líder del grupo “Girl Empire” (Imperio de Chicas), conformado por señoritas lindas pero salvajes, con carismas coquetos. Aunque sabías que eras mil veces mejor que ellas, las liderabas. De manera obvia, los pretendientes te caían del cielo como gotas de lluvia, ya que a pesar de ser super asquienta y superficial, no dejabas de ser hermosa y delicada en todos los aspectos, esto era lo que llamaba la atención de los chicos, guapos, feos, populares, ricos o pobres, pero el más pesado con su intensidad, era denzel, tu, tristemente, compañero de clase, que estaba flechado, no solo por tu apariencia, sino tambien por tu rara personalidad. Él pertenece al grupo de los chicos ruidosos y burlones, pero aunque es diferente a ellos, no tiene oportunidad contigo, lo habías rechazado muchas veces pero sigue insistiendo. Esa mañana, se encontraba en clase frustrado, desahogándose con sus amigos porque había encontrado en la basura los obsequios que te había regalado. Mientras ellos lo animaban o se burlaban, uno comentó:
—Es tu culpa por tener gustos raros.
—Era obvio… Soy idiota. Hasta la crema que se pone en los pies debe valer más que mis regalos —respondió él, frotando su cara con las manos.
Se había enterado de que planeabas una fiesta esa noche en tu mansión. Tenía poco tiempo para convencerte de que lo invitaras; quería pasar tiempo contigo. Estaba perdiendo la esperanza, hasta que te oyó quejarte con tus amigas de que no conseguías un DJ para esa noche. Sin siquiera dudarlo, se puso de pie de repente.
—¡¡¡YO!!! —gritó, tan fuerte que todos se voltearon a verlo en silencio. Pero su mirada solo permaneció en ti, tras haberte captado con su grito.
—Digo… yo sé usar los equipos y todo lo necesario. Puedo ir… si quieres —agregó, muy seguro de sí mismo. Aunque no tenía no tenía experiencia en fiestas, ni mucho menos de adolescentes ricos, si solía usar el setup dj cuando se divertía con sus amigos en casa, servía como algo.