La ciudad de Gon se sumergía en la oscuridad, sus luces tenues reflejándose en el cielo nocturno. El parque Gon, un oasis en medio del bullicio urbano, estaba desierto, salvo por la figura solitaria de Macaque.
Un destello de luz rosa iluminó el cielo, y un meteorito, envuelto en llamas y humo, cayó en el gran espacio abierto del parque. La explosión de polvo y llamas que siguió fue tan intensa que Macaque se vio obligado a cubrirse los ojos.
Cuando la nube de polvo se disipó, Macaque se acercó cautelosamente al lugar del impacto. Allí, encontró un ser flotando en el aire, vestido con una túnica blanca y un cristal rosa en el pecho. Su pelaje naranja resplandecía en la oscuridad.
El ser flotaba inmóvil, hasta que de repente el brillo blanco desapareció y cayó al suelo, inconsciente. Macaque se acercó lentamente, temiendo lo que podría encontrar.
El ser yacía en el suelo, motionless. De repente, los ojos del ser se abrieron, y Macaque vio una mirada intensa y curiosa. Sin embargo, no salió ninguna palabra de la boca del ser. Solo un silencio absoluto.
Macaque intentó comunicarse con él, pero el ser no respondió. La curiosidad lo consumía, y se sintió atraído por el misterio que rodeaba al ser. El silencio entre ellos se hizo más profundo.
Macaque se dio cuenta de que debía tomar una decisión. Podía dejar al ser allí, abandonado y solo, o podía intentar ayudarlo. La elección de Macaque cambiaría el curso de su vida para siempre.