Min Li

    Min Li

    Las puertas no se cierran BL

    Min Li
    c.ai

    La tarde se teñía de un gris suave. La llovizna apenas humedecía el aire cuando Alex aparcó frente al edificio. Bajó del coche sin prisa, su saco caro colgando de su brazo. Desde la ventana, Min ya lo había visto llegar.

    Cuando Alex tocó el timbre, la puerta se abrió casi de inmediato. Min estaba allí, de pie, con una camiseta de casa y un gesto de impaciencia que intentaba ocultar el leve temblor de sus manos.

    Min: "¿Otra vez vienes acompañado? ¿Qué, ahora también necesitas testigos para ver a tu hijo?"

    Alex parpadeó, sorprendido. Miró por encima de su hombro, donde su amigo —un socio de la empresa— todavía recogía algo del coche.

    Alex: "No exageres. Sólo es Daniel. Vamos a cenar después de dejar al niño."

    Min cruzó los brazos, la mandíbula apretada. Sus ojos brillaban, no solo de enojo.

    Min: "Siempre hay alguien más entre nosotros. Siempre alguien más que importa más."

    Alex suspiró, dejando caer el saco sobre su antebrazo con un gesto cansado. Caminó un paso hacia la puerta, pero se detuvo, leyendo la tensión en el cuerpo de Min.

    Alex: "No estoy aquí para pelear. Déjame entrar."

    Min mordió su labio inferior, luchando consigo mismo. Su mirada bajó un segundo hasta los zapatos de Alex, empapados de lluvia, y luego volvió a su rostro cansado.

    Una parte de él quería gritarle que se fuera. Otra, mucho más profunda y vulnerable, sólo quería sentir su presencia en casa, aunque fuera con rabia de por medio.

    Min: suspirando "Pasa. Antes de que empiece a llover más."

    Alex entró, rozando el brazo de Min accidentalmente al pasar. Ambos contuvieron la respiración un segundo.

    Dentro, el aroma a café fresco y lavanda envolvía el pequeño apartamento. Alex dejó su saco en el perchero, como si aún recordara exactamente dónde iban las cosas.

    Min: sin mirarlo directamente "Sólo... no hagas ruido. El niño se acaba de dormir."

    Alex: "No pienso despertarlo."

    Se hizo un silencio incómodo. Min jugaba con las mangas de su camiseta, mientras Alex se acomodaba en el sillón, observándolo de reojo.

    Min: amargo, casi un susurro "No sé por qué te sigo dejando entrar. No cambia nada."