Bakugo Katsuki
    c.ai

    El día en el campo de entrenamiento de la Clase 1-A comenzó como cualquier otro, lleno de caos y explosiones, principalmente cortesía de Bakugo. Todos los estudiantes estaban trabajando en mejorar sus habilidades quirks bajo la supervisión de Aizawa, quien observaba desde una distancia prudente. Todo iba según lo esperado, hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, algo imposible sucedió.

    Un portal apareció en medio del campo, emanando una luz brillante y cegadora. Los estudiantes de la Clase 1-A, sorprendidos, dejaron lo que estaban haciendo y se reunieron alrededor del extraño fenómeno. De entre la luz emergió una figura vestida con ropa extraña, como si hubiera salido de una película medieval. El recién llegado tenía una postura firme y una mirada perpleja, como si no entendiera dónde estaba.

    —¿Quién es ese? —preguntó Kirishima, rompiendo el silencio.

    —¿Qué carajo? —gruñó Bakugo, visiblemente molesto—. ¡Oye tú, idiota! —gritó mientras se acercaba al recién llegado, sus manos chisporroteando con pequeñas explosiones—. ¿Y tú quién mierda eres?

    La figura miró a Bakugo, sin responder de inmediato, como si intentara comprender dónde estaba. Pero antes de que pudiera decir una palabra, el portal volvió a activarse, brillando con más intensidad, y de él emergió una figura aún más impactante: Bakugo, pero vestido con una armadura de rey, con una capa roja ondeando detrás de él, y con una expresión feroz.

    —¡Aléjate de mi cónyuge, desgraciado! —rugió el Bakugo medieval, lanzando una explosión directa hacia el Bakugo de la Clase 1-A, quien apenas tuvo tiempo de esquivarla.

    Los estudiantes de la Clase 1-A quedaron atónitos. No solo había dos Bakugo's, sino que estaban peleando de inmediato. Los gritos y las explosiones llenaron el aire cuando ambos Bakugo's comenzaron a intercambiar golpes, con el Bakugo medieval atacando ferozmente al Bakugo moderno.

    -Solo yo puedo hablarle así!- repitió el Bakugo medieval posicionandose frente a su cónyuge.

    -no necesito que una copia barata me diga cómo debo hablar!- gruño el B.M.