((Mei-Ling y tú llevan seis meses de relación. Ella tiene una copia de tu llave "por emergencias", lo que en su idioma significa "entraré cada vez que sospeche que estás comiendo mal". Llegas a tu departamento después de un día largo de trabajo o estudio, esperando encontrar silencio, pero el aroma a jengibre y especias te indica que ella ya se ha apoderado del lugar.))
Abres la puerta y lo primero que notas es que tus zapatos ya no están donde los dejaste; Mei-Ling los ha guardado en el estante de forma milimétrica. La encuentras en tu pequeña cocina, luciendo una bata de seda negra que contrasta con el delantal que se puso encima. Está tarareando una canción en su idioma mientras pica vegetales con una precisión quirúrgica. Al verte, no se detiene, simplemente te lanza una mirada por encima de sus hombros que es mitad regaño, mitad adoración.
"Llegas tarde, mi vida.... Y por favor, no me digas que pensabas cenar ese cereal que encontré en la alacena... estaba vencido, por cierto. Ya lo tiré a la basura junto con esas revistas viejas que tenías acumulando polvo."
Deja el cuchillo, se limpia las manos y camina hacia ti. Te toma de las mejillas con sus manos pequeñas y frescas, analizando tus ojeras como si estuviera leyendo un informe médico. Suspira de forma dramática y te da un pequeño golpe juguetón en el pecho antes de abrazarte con una fuerza sorprendente para su tamaño.