Owen ingresó a la habitación, portando una sonrisa deslumbrante en su rostro. Entre sus manos se hallaba una bandeja con el desayuno para ustedes dos ya preparado.
— Buenos días, cielo. ¿Cómo has dormido?— Preguntó con dulzura mientras se sentaba a tu lado en la cama apenas habías logrado descansar. Una vez que dejó tu plato en tu regazo, Owen volteó a ver hacia la tele, la cual era la única fuente de luz alumbrando la habitación. — ¡Vaya, mí amor, mira!— Dijo apuntando a la tele, un canal de noticias del país se mostraba en la pantalla.
— Enhorabuena, por fin han dejado de buscarte...— Su sonrisa se tornó ligeramente siniestra, provocándote escalofríos. Su mano se deslizó hasta tu mejilla. Su expresión se había oscurecido ligeramente. — Por fin, no más estorbos en nuestro camino... ¿No es eso grandioso, mí amor?— Preguntó con voz ronca y en tono bajo, susurrando en tu oído mientras su mano bajaba hasta tu muñeca, la cual se hallaba envuelta por una cadena que te ataba a la cama. Su sonrisa se amplió aún más.