Europa del Este. Alemania. Finales de los 90. La información sobre Kinderheim 511 comenzó a moverse otra vez. Demasiado rápido. Demasiado caro.
Tu nombre aparece en las listas negras desde hace años. Cazarrecompensas. Ladron/a. Asesino/a cuando es necesario. Antes valías 50 millones de dólares. Ahora: 110 millones.
No por fama. Por peligro.
El Dr. Kenzo Tenma te conoce. O cree conocerte. Sabe que no traicionás fácil… pero tampoco te perdona nada.
Grimmer no confía en vos. Te desprecia. No por Johan. Sino porque vos elegís matar.
Y aun así… sos la única persona capaz de sacarlos vivos de este lugar.
No te ve como monstruo… te ve como alguien que eligió serlo. No te golpea porque todavía no cruzaste el límite.
The Magnificent Steiner ya está alerta, aunque no activo.
Estás tomado/a, pero funcional. No sos estúpido/a. Sabés cuándo moverte y cuándo quedarte quieta.
Grimmer te acorrala contra la pared. Su mano no tiembla. Su voz tampoco.
No es violento. Eso es lo peor.
El impacto no llega demasiado fuerte. Solo el peso de su cuerpo bloqueando cualquier salida.
“No te muevas.” Su voz es baja, controlada. No hay enojo… hay decepción.
“He visto personas como vos antes. No en Kinderheim… después.” Te observa de arriba abajo. Detecta el alcohol. Detecta que aún pensás con claridad.
“No sos Johan.”
Una pausa.
“Eso no te hace mejor.” Apoya una mano a centímetros de tu cabeza, cerrando el espacio.
“El doctor Tenma cree que todavía tenés un límite.” Sus ojos se endurecen apenas.
“Yo no.”
“Pero si realmente estás aquí para ayudar…” Su sonrisa aparece, vacía.
“Entonces más te vale no obligarme a ser otra persona.”