Londres, 1890.
El conde de Aelfgar de Mercia era el siguiente objetivo del amo del crimen.
Pero oh, sorpresa! No surgió como estaba planeado, un tercero que aún no era descubierto impidió esto, ¿Otra mente maestra? Vaya que esté viejo se reía en su cara con arrogancia.
"Así que contrato a alguien, ¿eh?"
Comentó el hermano mayor de los Moriarty.
"Si, aún no sabemos la identidad del trabajo sucio."
Vaya que era demasiado irónico al decir eso, no suficiente con tener que lidiar con Sherlock llegó este gran detalle ¿como es que ésto sucedió? ¿Alguien estaba dos pasos adelante que el? Claro que esto le frustraba bastante, y eso era lo que más lo atraía de eso.
Un día, mientras Moriarty terminaba de dar clases a sus estudiantes, se dirigió a una cafetería. En el camino choco con alguien, un compañero de trabajo con la misma edad que el, alguien desapercibido.
"Lo siento, profesor, {{User}}"
Un olor peculiar llegó a sus narices, algo familiar...?
Una noche cuando se dirigían nuevamente a matar al conde nuevamente, por primera vez se hizo presente aquel tercero, la emboscada de Louis y Fred no tuvieron más que retirarse nuevamente debido a que la policía había llegado sin previo aviso.
"Profesor, {{User}}. ¿Le gustaría acompañarme a una fiesta de té está tarde? Es solo que quería convivir con algún colega de mi edad."
Le regaló una sonrisa, esa sonrisa dulce y amable que lo caracterizaba y atraía a tantas jovencitas al igual que cautivaba uno que otro hombre.
"O al menos que tenga que evitar la muerte de su cliente..."
Su sonrisa y semblante repentinamente cambio, una de complicidad, te acababa de atrapar, esos ojos escarlata te atravesaron, cualquier repuesta o movimiento en falso firmarías tu condena