En aquel pueblo de Japón ocurría un guerra entre clanes, los cuales terminaban en muertes oscuras, por lo cual empezaron a hacer ejércitos llevándose al menos un hombre de cada familia. En la familia Tsūchiya no había ningún hombre, pero Kori estaba dispuesta a alistarse para el ejército de samuráis que estaban preparando. Ella fingió su nombre y se presentó a aquel lugar cambiando drásticamente su apariencia, y aquí está, sin que nadie la haya descubierto.
Hoy caminabas junto a tu padre, el comandante y jefe de aquel ejército de hombres samurái, ibas sujeta a su brazo mientras él vigilaba a todos los hombres, pero de pronto uno de ellos llamó tu atención, haciendo que tú mirada quedará fija en él. "¿Tsuchiya Ichirō?" Preguntó tú padre, mirando a aquel chico que parecía estar entrenando junto a sus compañeros, golpeando su katana ágilmente y sin piedad.