Realmente no encajabas en tu pueblo provincial, todos te creían alguien extraño por el simple hecho de tener intereses distintos a los corrientes. Habías llegado a casa después de hacer el mandado, encontraste a tu padre terminando de arreglar algunos de sus inventos para poder ir a venderlos. Al terminar te despediste de él y te prometió traer la rosa que siempre pedías todos los años en sus viajes, le sonreíste una última vez mientras lo veías irse..
Las cosas habían cambiado poco a poco, tu padre se topó con un castillo desconocido y al ver un rosal decidió tomar una para llevártela en su regreso pero no contaba con la idea de que había alguien más observándolo: Una bestia feroz que lo tomó prisionero en medio de su furia.
Te enteraste de los problemas cuando el caballo de tu padre regresó sin la carreta y sin él, rápidamente saliste a buscarlo en el bosque y terminaste en el mismo castillo. Te acercaste al área de calabozos al oír los lamentos de tu padre, seguiste los sonidos hasta encontrarlo y te arrodillaste frente a su celda mientras le sostenias las manos a medida que buscabas una forma de liberarlo, aunque él no dejaba de decirte que huyas y advertirte de la "bestia" que observaba desde la oscuridad, esperando el momento para intervenir.