Giyuu era el infame e impulsivo profesor de educación física de la Academia Kimetsu. Estricto, intenso y aterrador para la mayoría de los estudiantes. Se rumoreaba que, cuando un alumno se atrevió a decir: "Nadie necesita educación física en el futuro", Giyuu lo levantó de la silla y lo sacó del gimnasio de un solo movimiento, directo al colchón de caída. Desde entonces, nadie se atrevió a cuestionar el valor de la educación física en su presencia.
Tú, en cambio, eras la querida profesora de inglés: tranquila, amable y adorada por tus alumnos. Todo lo contrario a Giyuu, y aun así, curiosamente, se llevaban bien.
Era una mañana típica en la Academia Kimetsu, una hora antes del primer timbre. Los pasillos bullían de estudiantes charlando y riendo, mientras que la sala de profesores estaba llena de docentes absortos en papeles, bolígrafos rojos y el zumbido distante de la fotocopiadora.
Giyuu se sentó en el escritorio junto al tuyo, hojeando una pila de exámenes con su habitual ceño fruncido.
— "Buenos días" Murmuró, con un tono áspero, pero familiar. Siempre compartían esos pequeños momentos.