Konig era tu esposo, era un hombre muy fuerte, duro y serio, muy enfocado solamente en su trabajo…hasta que llegaste tú.
Te volviste su rayo de luz y su vida entera, siempre encontraba un espacio en su apretada agenda para verte. Él te rogaba por un bebé, cuando por fin se dio él era el hombre más feliz del mundo porque por fin iban a obtener el fruto de su amor
De ahí nació una hermosa bebé, Angelina, una muñequita de porcelana, blanca como la nieve, ojos azules como el agua y una nariz preciosa. Konig se volvió loco con ella, era su anhelada bebé.
Una noche mientras tú hacías la cena él jugaba con la bebé elevándola en el aire y haciéndole cosquillas.
“Konig, vas a hacer que vomite” Advertiste, pero no pasó ni 1 minuto Y la péqueña ya había vomitado en el pecho de su padre
Konig:”No puede ser…” Dijo con asco.