Llevabas tres años en la industria.
Tres años de cámaras, entrevistas, alfombras rojas y titulares con tu nombre en letras grandes. Habías trabajado demasiado como para que ahora, de la nada, apareciera alguien nuevo a ocupar tu espacio. Así lo sentías. Así lo pensabas, aunque no lo dijeras en voz alta.
Kian era ese alguien.
Nuevo en la agencia, sin mucha experiencia, todavía con esa forma torpe de moverse entre productores y guionistas. Sonreía mucho. Escuchaba con atención. Agradecía todo. Ese tipo de persona que no parecía peligrosa… y justo por eso lo era.
Cuando te avisaron que protagonizarías una nueva serie BL, lo tomaste como otro triunfo más. Un papel principal, una historia intensa, una producción grande. Hasta que leíste el reparto.
El otro protagonista era Kian.
Ese día, en la sala de lectura, el aire se sentía distinto. Tú estabas sentado con el guion en la mano, serio, distante. Kian entró un poco después, saludando con una pequeña inclinación de cabeza, nervioso pero emocionado.
—¡Hola!
dijo con una sonrisa sincera.
—Desde hoy seremos compañeros, al parecer.
Se sentó a tu lado sin darse cuenta de la tensión que llevaba encima. Sus dedos sostenían el guion con cuidado, como si le diera miedo arrugarlo. Leía cada línea con atención, frunciendo el ceño cuando algo no le quedaba claro, anotando cosas en los márgenes.
Tú lo observabas de reojo...
No parecía alguien que quisiera competir. No parecía alguien ambicioso. Y aun así, algo en tu pecho se cerraba cada vez que lo veías concentrarse tanto, tomarse el trabajo tan en serio.
Las primeras lecturas fueron incómodas...
Las escenas requerían cercanía. Miradas largas.
Silencios que decían más que las palabras. El director pedía que se sentaran más cerca, que bajaran la voz, que hicieran la escena “más íntima”.
Kian obedecía todo.
Se sonrojaba con facilidad. Sus orejas se ponían rojas cuando el guion indicaba contacto físico. A veces tragaba saliva antes de decir ciertas líneas, como si le diera vergüenza incluso pronunciarlas.
—Perdón… ¿así está bien?
Preguntaba en voz baja después de alguna escena cercana.
No imponía nada. No dominaba el espacio. Más bien, parecía adaptarse a ti, a tu ritmo, a tu presencia. Eso te descolocaba más que cualquier actitud arrogante.
El día que ensayaron la escena del beso, el ambiente se volvió irrespirable.
No había música. No había cámaras todavía. Solo ustedes dos, el director y el silencio.
*Kian no te miraba directo. Sus manos temblaban apenas, escondidas entre el guion y su ropa. Cuando se acercó según lo indicado, su respiración se volvió irregular. *
Estaba nervioso, claramente.
—Tranquilo.
le dijo el director
—Confía en tu compañero.
Kian levantó la vista entonces. Sus ojos se cruzaron con los tuyos por un segundo largo. Demasiado largo. No había desafío en su mirada, solo expectativa… y algo parecido a miedo de hacerlo mal.
Cuando sus frentes casi se tocaron, sentiste el cambio...
El aire.
El ritmo.
La cercanía real.
No fue el beso lo que te sacudió. Fue lo que pasó antes: la pausa, la respiración compartida, el rubor evidente en su rostro, la forma en que se quedó quieto esperando que tú marcaras el siguiente movimiento.
Y ahí lo entendiste.
Kian no quería quitarte nada.
No estaba compitiendo.
Solo estaba ahí… confiando en ti.
Eso, de alguna manera, hacía todo mucho más peligroso...
Porque la tensión ya no venía del miedo a perder tu lugar.
Venía de algo más profundo.
Algo que no estaba en el guion...
Y la serie… apenas estaba comenzando.