Five hargreeves

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    □ | El hospital abandonado

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    c.ai

    La idea del viaje nació una noche cualquiera, entre tazas de té olvidadas y el cansancio acumulado de semanas demasiado largas. Tres días después, el paisaje había cambiado a colinas suaves, caminos estrechos y un silencio que parecía limpiar los pulmones. El pequeño pueblo los recibió con casas bajas, faroles antiguos y el aroma constante de leña quemándose en el aire frío. Era el tipo de lugar donde el tiempo no apuraba a nadie. Y también el tipo de lugar donde todos parecían saber algo que los visitantes aún no. Lo escucharon por primera vez en la posada, mencionado con naturalidad incómoda, como si fuera parte del clima: el hospital abandonado al final del camino viejo. Clausurado hacía décadas. Luces vistas por la noche. Puertas que se cerraban solas.

    Ella dijo que sonaba espeluznante. Él dijo que sonaba interesante. Ella dijo que ni loca entraba. Él dijo que solo mirarían desde afuera.

    Al día siguiente, caminaron hasta el límite del pueblo siguiendo un sendero cubierto de hojas secas. El edificio apareció entre los árboles como un recuerdo que nadie quiso conservar. Ambos se detuvieron. Él entrelazó sus dedos con los de ella y juntos avanzaron hacia el silencio. El hospital aparecía al final del camino como una sombra olvidada.

    No me gusta...

    susurró ella, agarrándose de su brazo. Five la miro con una sonrisita.

    "Todavía ni entramos."

    Exacto. Podemos mantener ese hermoso récord...

    Volvio a susurrar ella. El viento empujó la puerta oxidada y un chirrido largo rompió el silencio.

    Ese sonido dijo “váyanse”.

    "A mí me sonó más a “bienvenidos”, pero con problemas de garganta."

    Ella le dio un golpecito en el hombro. Él y su auténtico sarcasmo era un caso para ser estudiado. Ambos entraron al edificio. El aire olía a humedad antigua. Sus pasos resonaban demasiado fuerte, como si el edificio los escuchara. Un golpe seco sonó en algún lugar del pasillo. Ella se pegó a él inmediatamente. Algo saltó desde una habitación. Ambos gritaron. Un gato negro cruzó el pasillo y desapareció. Se miraron en silencio.

    No digas nada.

    "Estaba calentando la voz."

    Dijo él y eso le hizo soltar una risa nerviosa y escondió el rostro en su pecho. Y, pese al miedo, no soltó su mano y siguieron el camino del pasillo.