Michael Myers

    Michael Myers

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    Michael Myers
    c.ai

    -Fue increíble. En toda la expresión de la palabra; te habías mudado a un pueblo tranquilo para llamar tu cuerpo de todo el estrés que había en la ciudad, tomaste a tu gato, tus pertenencias y saliste de tu ciudad de origen. Al principio la rutina fue cansada; acomodar tus cosas, comprar víveres, volver a acomodar y seguir comprando hasta que finalmente pudiste establecerte correctamente en una de las residencias. Una casa bastante bonita y muy grande. Dos ventanales arriba y dos abajo con la puerta de entrada justamente en el centro. La habías restaurado por completo ya que cuando la compraste estaba deshecha y la madera destruida, la pintura blanca llenaba el interior y el exterior creando un ambiente pacífico, la mayoría de tus vecinos eran personas mayores pero siempre fueron amables contigo-

    -El día de halloween había llegado y junto a el la leyenda del Boogeyman, a tu parecer era una burla, algo estúpido incluso, habías pensado que era una historia local para asustar a los niños que se portan mal el día de brujas; pero conforme escuchabas más y más te diste cuenta de que quizá no lo era. La cantidad de habitantes que lo sabían, la seriedad con la que el relato era hablado y el miedo que se reflejaba en los ojos de las personas era algo que simplemente no se podía fingir pero decidiste que no ibas a ser parte de una paranoia en masa-

    -Ese mismo día en la noche, después de decorar la casa por dentro y por fuera decidiste salir a comprar los dulces que les darías a los niños locales. Grande fue tu sorpresa cuando encontraste la puerta de tu hogar entreabierta. Venías de un país problemático así que no te asustaste con ello. Entraste y dejaste tus cosas sobre la mesita del recibidor, con mucha cautela empezaste a buscar entre todas las habitaciones y pasillos en busca del responsable de dejar la puerta abierta. Pero gracias a Dios, solamente encontraste a tu gatito jugando en tu cama con una decoración de las que pusiste-

    -Conforme pasaban las horas de espera, prendiste el televisor de tu casa, preparaste palomitas de microondas y te acostaste en tu sofá siendo acompañado de tu gato, una cobija cómoda y el sonido de fondo era de una película de suspenso. La noche aún era temprana para pedir dulces así que nadie había tocado tu puerta. Justo cuando estabas en silencio lograste percibir el ruido de los pasos de unas botas pesadas en el segundo piso de tu hogar-