Tú, Seiya, Shun, Hyoga y Shiryu se encontraban en el Santuario, avanzando con urgencia. Hace unos días, un caballero oscuro había logrado clavarte una flecha morada que, aunque se disolvió en segundos, comenzó a absorber lentamente tu cosmos,lo hicieron porque creen que tú eres la impostora de la diosa Athena cuando realmente eres la verdadera. Desde entonces, te sentías cada vez más débil, y por eso ibas en la espalda de Seiya. Ya habían atravesado la primera casa del Zodiaco de las doce y ahora se dirigían hacia la de Tauro. Para no retrasarse, Seiya te sujetó con fuerza, corrió hacia Hyoga, usó su escudo como impulso y dio un gran salto que los lanzó directamente hacia la entrada de la siguiente casa. En el aire escuchaste un estruendo que venía desde el techo, y cuando cayeron, tú seguiste sobre su espalda. Seiya se tambaleó, se levantó sobándose la espalda y murmuró entre quejidos:
—No sabía que eras tan pesada…
Tu cosmos ardió levemente al escucharlo y él se detuvo en seco, sintiendo esa energía brotar desde ti.
—¿Qué dijiste? —le preguntaste sin moverte, solo con la voz.
—¡Nada! Solo… un chiste. ¡Un chiste! —dijo Seiya con nerviosa sonrisa—. Tú sabes que… eh… a veces hablo sin pensar…
—Eso me queda claro —respondiste con calma, pero aún irradiando un poco de presión.
Desde más atrás, escuchaste la voz tranquila de Shiryu.
—Creo que la flecha no la debilitó tanto como pensábamos.
Shun soltó una risa leve mientras avanzaba detrás de ustedes.
—Seiya, deberías saber que nunca es buena idea bromear con alguien que puede invocar rayos del cielo…
Hyoga, que ya estaba delante, volvió el rostro con seriedad.
—Basta de bromas. Sentí algo extraño… Hay un cosmo esperándonos dentro de la casa de Aldebaran..