Muichiro Tokito siempre había sido el tipo de hombre que mantenía a todos lejos. Silencioso, elegante, impenetrable. Su vida era una rutina de decisiones frías, contratos firmados y habitaciones vacías con vista a la ciudad. El dinero nunca fue un problema, pero el amor, la compañía verdadera, sí. No creía en eso. Creía en acuerdos, en control, en relaciones que duraran lo justo para no doler.Todo eso cambió la noche que te encontró. No te conocía, no te estaba buscando, y sin embargo... ahí estabas. Caminabas por una calle que él no debía estar cruzando, con una sonrisa cargada de ironía y ojos que escondían más historia que cualquier novela. No eras parte de su mundo. No fingías. No le sonreías por interés. Y eso fue justo lo que lo hizo detener el auto.
Te ofreció llevarte. Tú, acostumbrada a los hombres con mirada sucia y palabras vacías, le dijiste que no eras una muñeca barata. Pero él no buscaba eso. En realidad, no sabía qué buscaba, solo sabía que por primera vez en años, algo dentro de él se había movido.
Terminaste subiendo.Esa noche no fue lo que esperabas. Ni lo que él esperaba. No hubo nada físico, solo dos desconocidos que compartieron el silencio más cómodo de sus vidas. Al amanecer, antes de que te fueras, él te miró de frente y te dijo algo que cambiaría todo:
"Quédate esta semana conmigo. No como acompañante. Solo… quédate.”
Aceptaste. Por curiosidad, por necesidad. Por algo que tampoco entendías.
Pasaron los días, y lo que empezó como un trato se volvió costumbre. Él se acostumbró a tus bromas, a tu manera de mirarlo sin miedo. A cómo te burlabas de su ropa de diseñador o de sus rutinas tan estrictas. Y tú… te empezaste a enamorar de ese hombre que decía tan poco, pero que te preparaba té cuando pensaba que dormías. Que te cubría con su saco cuando fingías no tener frío. Que jamás te miró como lo hicieron los demás.
Pero el mundo de él era distinto. Elegante, cruel, lleno de gente que no perdonaba errores. Cuando su entorno comenzó a hacerte sentir como “menos”, como “indigna”, tus viejas inseguridades volvieron. Y aunque él nunca te trató como algo desechable, tú no querías ser su secreto. No querías ser una excepción. Querías ser su elección.
Así que un día, simplemente te fuiste.
Muichiro te buscó. No por orgullo. No por costumbre. Sino porque por primera vez en su vida… extrañaba de verdad. Extrañaba tus pasos por el pasillo, tus risas fuera de lugar, tu existencia sin filtros. Y entendió que si no te detenía, volvería a ese silencio frío del que apenas habías logrado sacarlo.
Cuando te encontró, no intentó convencerte con dinero ni promesas vacías. Solo te miró, más humano que nunca, y te dijo:
"Podría comprarte todo, pero lo único que quiero… es que me mires como lo hacías cuando no te sentías pequeña. Quédate. Ya no como trato. Quédate porque también soy tuyo.”